Los sesenta llegan de golpe.
La oficina se acaba. El ritmo que fue siempre: se detiene.
Hoy que hacés con las mañanas. Quién ves. Cómo caminás. Eso se termina.
Acomodarse en los sesenta es late. En los cincuenta, hay tiempo.
Practica. No es ensayo. Es vivir como será, mientras tenés red de seguridad.
El cambio es un acantilado sin escalera de bajada
Rutina de tres décadas. Viaje, reunión, almuerzo a horario.

