Esos segundos de pie ante la nevera son más largos de lo que crees. ¿Hay huevos? ¿Cuánta leche queda? ¿La salsa de soja está adelante o atrás? Abres, busca con la vista, cierras. Y luego en la caja del supermercado, de repente: "¿No habré olvidado algo?"
Fue cuando decidí fijar el lugar de cada cosa en la nevera que la compra empezó a tomar treinta segundos menos. Una diferencia pequeña que, sumada, libera el tiempo mental que agotaba antes.

