Se dice "gracias" a diario en la familia. Por la comida, la ropa lavada, los favores. Pero esos agradecimientos vuelan. Alguien decidió: una vez al mes, escribir una carta de gratitud a alguien de la familia. Una página, no más. Corta. Escrita a mano.
El aire del hogar cambió.
Las palabras habladas se disipan
El agradecimiento diario es ligero. Sale de la boca, se escucha, se olvida. La relación tiene muchas gracias, pero ninguna queda. Es aire que pasa.

