Cada tarde, cuando llega la hora de las tareas, la casa se tensa. Abre el cuaderno, explica, corrige, discute. Al final, alguien está un poco enojado. Para padres e hijos, esa hora después del almuerzo deja un sabor incómodo.
Una pareja decidió dejar las tareas en manos de un tutor. No por las calificaciones. Por la cara de sus hijos. Por la atmósfera del hogar.

