Rechaza una invitación y queda mal sabor. No querías no ir: el timing no cuadraba.
Pero pensar cómo decirlo es agotador. Reescribes mentalmente frases cada vez.
Alguien pasó a tener sólo tres formas de rechazar. El peso de la amistad se dividió por dos.
Pensar de cero cada rechazo consume todo
Quien no maneja rechazos, arma uno cada vez. ¿Quién es? ¿Qué tan cerca? ¿Qué dije la última vez? ¿Cuánto explico?

