La misma silla, la misma ventana, el mismo escritorio.
Perfecto para concentrarse. Hasta que no.
Después de meses: el cerebro automático. Tarde: la cabeza se apaga.
Alguien probó lo opuesto. Cada día otro lugar.
La concentración no bajó. Subió.
Automatismo mata profundidad
Ambiente fijo = rutina fija = pensamiento fijo.
Las mismas cuatro paredes, el mismo ángulo de luz.
Al principio: concentración. Con el tiempo: aburrimiento que no admites.

