Sofá, almohadones, sillas, frente al refrigerador. Los mandos a control remoto desaparecen en lugares que parecen seguir una lógica oculta, aunque al final siempre reaparecen donde menos esperamos.
Después de cenar, unos treinta segundos que apenas se notan. La familia recorre la casa en busca del control remoto solo para apagar el aire acondicionado. Esos treinta segundos que se repiten noche tras noche gastan silenciosamente más energía mental de la que imaginamos. Fue solo después de guardar los mandos en un único sitio que empecé a verlo claro.

