Cada mañana, justo antes de salir, no encuentras las tijeras.
Esa pequeña demora enturbia el comienzo del día. Se trata de apenas algunos segundos, pero el cansancio que queda después es extraño y persistente.
Quien deja de perder cosas no ha aprendido ninguna técnica de almacenamiento sofisticada. Simplemente decidió, cajón por cajón, qué y sólo qué va en cada uno.

