Salir de casa y de repente: "Ay, las llaves". Regresar y buscarlas.
Una o dos veces sería anecdótico. Pero cuando sucede tres veces al mes, el cansancio por la propia desatención comienza a aparecer. Los recordatorios en el teléfono no funcionan. Tampoco el cálculo mental. De alguna forma, siempre hay algo que se olvida.
Y entonces una persona descubrió cómo detener completamente esos olvidos. Hizo algo único: pegó una hoja de papel A4 en el interior de la puerta de la entrada. Nada más.

