Abro la ventana por la mañana, solo unos segundos de aire nuevo mientras respiro profundo. Nada que se llame ventilación, solo un gesto casi automático. Un día, de repente pienso: ¿qué pasa si dejo abierta un minuto más? Solo eso. Un minuto. Y desde entonces, algo en toda mi vida cambió lentamente.
Lo que nos incómoda es casi imperceptible
Pasamos cada día en la misma habitación y dejamos pasar lo incómodo: el aire un poco pesado, la luz quizá opaca, cosas que se acumulan en la esquina del escritorio. Lo notamos pero lo ignoramos. Después. Luego. Y la vida se enturbia poco a poco.

