Un cojín estaba siempre en la sala. No era feo. No estaba sucio. Pero verlo, el ánimo bajaba. Un fin de semana, compró tela fina en tienda y cosió funda nueva. Sin máquina ni experiencia, aguja y hilo solo.
No quedó perfecto. Aún así, ese día la sala comenzó a ser suya.
"No amo pero bueno" acumulado hace casa ajena
La casa atrae atención cuando se compra. Pasado medio año, es rutina. Año después, invisible. Cinco años después, olvidas si querías lo que hay.

